El comercio en la red es una realidad que cada día invade más ámbitos de nuestra vida, no solo utilizamos con regularidad internet, sino que además consumimos a través de la red todo tipo de productos y servicios. Ahora bien, ¿existe realmente una regulación que se adapte al comercio en la red? La opinión de muchos profesionales del ámbito jurídico es que no, el comercio en la red, aún es una tarea pendiente para el legislador.

En cierto resulta ilógico que cada vez más familias realicen sus compras a través de internet, aunque existen ciertos sectores en los que los españoles somos reticentes a la hora de hacer compras por internet como sería la compra de alimentos, la realidad es que nos atrevemos cada vez más. Quizás cuando se habla de compras por internet, siempre pensamos en la compra de vuelos o en la contratación de servicios de hoteles, pero no, cada vez más se compran bienes y productos a través de la red. Muestra de ello es por ejemplo la nueva estrategia de Ikea en España, donde próximamente se podrán adquirir sus muebles a través de internet.

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Situándonos en este contexto seguro que muchos de vosotros os preguntáis cómo es posible que no exista un régimen regulatorio capaz de establecer los límites y derechos que existen en este tipo de transacciones. La razón viene dada por las propias instancias que habrían de regular ese comercio digital, porque debemos de entender que al hablar de internet, las fronteras entre países no existen, por lo que sería conveniente acudir a regulaciones uniformes.

Muestra de que el régimen regulatorio no es del todo eficaz viene dado por el paradójico caso de los libros electrónicos, los cuales en nuestra legislación tienen un impuesto con un tipo superior a los libros físicos. ¿La razón? La historia dentro de esos libros es la misma, pero sin embargo se venden en formato digital, única razón para que su tipo de impuesto sea mayor.