Los periódicos y telediarios nos hablan sin cesar de filtraciones de datos por despachos y muchas de ellas han venido de la mano de los famosos papeles de Panamá, por eso hoy nos preguntamos ¿la seguridad de los despachos de abogados se ha puesto en duda? Podría parecer que sí y si es así hemos de cuestionarnos la profesionalidad de esos despachos y quizás las razones que les llevaron a actuar de esa manera.

Como todos sabemos, una de las principales obligaciones que tienen los abogados en relación a sus clientes es asegurar y garantizar la confidencialidad de todos los documentos, informaciones y conversaciones que se tienen y se transmiten. Además, estas informaciones han de mantenerse bajo secreto profesional de los propios abogados.

En la actualidad, cuando la tecnología ha invadido cada esfera de nuestra vida, es necesario que esta información se garantice al máximo, puesto que en mucha ocasiones los datos y documentos de nuestros clientes se encuentran en soportes de almacenamiento o servidores en la nube, los cuales pueden ser incluso más accesibles que cualquier otro soporte físico.

Seguridad

Junto a esto, si nos encontramos trabajando en un despacho de abogados con varios trabajadores, no todos ellos abogados sino también administrativos, en muchas ocasiones se hace también necesario el cumplimiento de ciertos protocolos en lo que se refiere a los accesos a carpetas y documentos de los diferentes clientes que pueda tener el despacho. Se ha de establecer un esquema de control y registro, así como una serie de sistemas preventivos en caso de que haya un copiado de datos masivo.

La confianza ha sido siempre un valor primordial exigido en la profesionalidad de un abogado. No podemos dejar de lado estas cuestiones porque entonces, como ha ocurrido con los papeles de Panamá se pone en duda nuestra propia profesión. El primer paso es conocer nuestra propia legislación española en materia de protección de datos aplicada explícitamente a la profesión. Partiendo de un conocimiento íntegro podremos entonces garantizar que nuestro despacho está blindado de cara a cualquier intromisión indeseada.